Tengo tantas ideas que no se por dónde empezar

por | 18 Jun 2019 | Espiritualidad

Hay veces que estás con mucha inspiración. Te vienen miles de ideas. ¡Además están buenas! Hasta acá todo bien. Pero el problema es que son tantas que no sabés por dónde arrancar. Te bloqueas y entonces llega la frustración. ¿Cómo lográs enfocarte y concretar en este caso?

Tener muchas ideas es algo muy positivo. Lo primero que podés hacer es agradecer que se te ocurran tantas cosas. Es una linda forma de conectar con la abundancia. Aunque es verdad que también puede resultar difícil de manejar. Hay momentos en los que estamos muy creativos. Se nos ocurren miles de cosas que podríamos hacer en distintos aspectos de nuestra vida y en nuestros proyectos. La cabeza va a mil. Me encanta esa agilidad y creatividad. Pero junto a esa excitación llena de energía también llega una sensación abrumadora que puede llegar a paralizarnos.

¿Te pasó alguna vez en un restaurante que la carta tiene muchísimas opciones y te cuesta decidirte sobre qué vas a pedir? Hay tantas cosas que no sabés qué elegir y eso genera cierta incomodidad. Por eso hay teorías de venta que dicen que acotar las opciones ayuda a cerrar más. Algo muy parecido sucede con nosotros cuando tenemos demasiadas ideas en la cabeza. ¿Con qué criterio elijo cual priorizo? ¿Cómo se cuál me conviene elegir para concretar? Decidir cuál vamos a escoger para pasar a la acción nos puede llegar a agobiar.

Tanta energía y movimiento (pensamientos, ideas) combinadas con bloqueo e inacción (no elegir, no decidir, no tomar acción) no resulta muy agradable de experimentar. De hecho es un cocktail perfecto para generar ansiedad, frustración y estrés. ¿Cómo hacemos?

Primer paso: tomar conciencia cuando te está pasando

Lo primero es darte cuenta cuando estás entrando en esta dinámica. “Ey, estoy pensando mucho. Me está costando elegir y entonces no estoy haciendo nada”. Lo vas a reconocer fácil porque aparece una sensación incómoda en el pecho y la garganta. Seguro que la conocés. Se llama ansiedad. Las respiraciones se acortan. Nos sentimos incómodos e inquietos. Por experiencia sabemos que el tiempo no nos va a alcanzar para todo y vamos a tener que dejar ciertas cosas sin terminar.

Segundo paso: detectar el engaño

El tema es que me gustaría concretar todas las ideas que tengo. No quiero dejar ninguna afuera. Es algo así como una “gula” mental y está vinculada a una dinámica nuestra de recrear insatisfacción.

El engaño es creer que cuando concretes todo lo que tenés en la cabeza vas a sentirte mejor. Es una trampa mental en la que caemos frecuentemente sin siquiera darnos cuenta: “Si concreto esto y lo otro ya voy a estar más feliz y relajado”. Pero esto nunca sucede.
Ya lo experimentaste muchas veces. Sabés que aún cumpliendo todo (ya concretaste miles de cosas en tu vida hasta ahora) esa satisfacción dura un momento y en seguida desaparece. Por ahí no es. La sensación de plenitud tiene que venir por otro lado.

Tercer paso: re-conectar con el único “lugar” donde encontramos el disfrute, el ahora.

Hablemos un momento de la esencia del disfrute. Recordá momentos muy felices de tu vida y sentilos como si los estuvieras viviendo ahora: ¿Qué estás haciendo? ¿Qué sensaciones te llegan? Revivilos ahora (tomate un instante para hacer este ejercicio antes de seguir leyendo…)

Vas a reconocer que en estos momentos de mucha felicidad estás conectado full con eso puntual que estás haciendo, sentís mucho el cuerpo y la mente está como ausente. Hay mucha presencia. El tiempo pasa volando. No hay consciencia de “yo”. Estás metido de lleno en el flow de la vida.

En este estado de disfrute la ansiedad y la frustración simplemente no tienen lugar. Cuando actuamos desde el espacio interno de atención total a algo (el objeto de la atención es lo de menos) sentimos gozo. Creamos referencias de bienestar acostumbrando a las células del cuerpo a vivir en esta emoción.

La clave para disfrutar está en nuestra capacidad de enfocar. Enfocarnos implica elegir, separar algo del todo para llevar ahí toda nuestra atención.

Aprender a elegir

Cuando tengo muchas ideas, ¿cómo hago para elegir con cuáles me quedo para poder enfocarles toda mi atención?

Voy a compartirte una técnica simple que me parece espectacular. La uso para priorizar cualquier cosa en mi vida. En este caso la vamos a aplicar a las ideas o proyectos que tenés en la cabeza.

  1. Listá.
    Hacé una lista con las 25 ideas que tenés dando vuelta en la cabeza (sobre todo las ideas más relevantes y repetitivas.)
    Esto ayuda a vaciar tu mente. Al estar descargada va a ser mucho más fácil enfocarte. 
  2. Elegí.
    Una vez que tenés la lista, elegí 5 (sólo 5 ideas), sobre las cuáles vas a tomar acción.

    El criterio puede ser por impacto (facturar más, tener más alcance, expresarle tu amor a alguien, etc), por disfrute (la que te inspire y te de más alegría), etc. Si tu idea combina varios factores al mismo tiempo, ¡genial! Vas a tener más ganas y energía para plasmarla. En definitiva, mientras más te motiven y entusiasmen, mejor. 
  3. Concretá.
    Planificá y actuá con determinación para concretar esas 5 ideas.
    Lo más importante es olvidarte completamente de las otras 20. Dejalas en paz. Sólo cuando termines alguna de las 5 podés volver a hacer el proceso para elegir otra.

Repito. La clave acá está en olvidarte de las otras 20 ideas. Están en la lista de NO voy a hacer nada de eso por ahora. El desafío está ahí, en alejarse de las otras. Es súper importante poner límites (con equilibrio y flexibilidad) y saber decir NO frecuentemente a personas, circunstancias y actividades que no están en el foco.

Esta es una de las técnicas principales de Warren Buffet, uno los mejores inversores del mundo. Su aporte es esto de ser muy firme en decir NO a las otras ideas que dejás de lado. Me la comentó mi amigo Maxi Tuero, creador de Un Mundo con Propósito. Me sirvió mucho para mi personalidad porque esto de elegir sólo 5 y quedarme con tan poquito a veces no me resulta tan fácil.

Si soy sincero reconozco que ponerme tantas cosas no me ayuda. Termina siendo contraproducente. Al final muchas veces termino haciendo menos. Me di cuenta que me funciona mucho mejor ponerle energía a pocos proyectos. Entonces si logro concretarlos rápidamente e impactar.

Si voy más profundo, ¿cuáles son los miedos o condicionamientos que a veces me dificultan quedarme con pocas ideas o proyectos y mantenerme enfocado?

Primero, algo característico de mi personalidad (7 de eneagrama): querer todo, una especie de gula que va siempre acompañada de una cierta insatisfacción crónica.
Después, ¿qué pasaría si elijo unas pocas ideas, les pongo toda mi capacidad y aún así no logro concretarlas? Me da miedo sentir que podría no ser capaz a pesar de poner todo mi esfuerzo. También me cuesta exponerme a la posible frustración si las cosas no salen como quiero.
En cualquier caso esto de no enfocarme es una forma de sabotearme. Porque se que cuando me enfoco siempre me termina yendo bien. Entonces me pregunto, ¿me banco tener mucho éxito y que las cosas me vayan bárbaro? ¿Siento que me lo merezco?

Estas cosas son inconscientes. Por eso a veces son difíciles de detectar. Profundizá en las tuyas. ¿Qué evita que te organices y decidas qué vas a priorizar? ¿De qué te sirve tener tantas ideas y proyectos en los que estás poniendo tu energía si finalmente no concretás mucho?

Afinarnos en estas últimas preguntas y respondernos con honestidad ayuda a que ganemos coherencia. Cuando hay coherencia todo tu ser va en la misma dirección y tu capacidad de concretar crece exponencialmente.

Te deseo que tengas el coraje de elegir para estar enfocado y disfrutar infinitamente cada cosa que hacés durante el día.

Federico Paz
Para más contenido como este seguime en mi Instagram @fedepazm

× ¿Cómo puedo ayudarte?