Cuando las cosas no salen cómo quiero

Me gusta sentirme bien, fluido, contento. Pero cuando las cosas no salen como quiero suelo frustrarme y enojarme conmigo. Entonces me pregunto: ¿Qué me pasa? ¿Por qué me siento triste y sin entusiasmo? ¿Cómo hago para volver a sentirme motivado y conectado?

Meditando sobre este tema me di cuenta que la causa principal de sentirme desconectado es muchas veces una especie de amargura que llega y se instala cuando las cosas no salen como yo quisiera. También pude observar que mientras más racionales y controladores somos, ¡peor! Nos solemos poner todavía más nerviosos y nos llega la ansiedad, el estrés y la preocupación. El cuerpo se pone duro, tenso. Sentimos impotencia y nos enojamos (sobre todo con nosotros). Esto crea una distancia o separación con nosotros mismos y, como no nos gusta que nos vean así, también nos solemos alejar emocionalmente de los demás.

En este estado de descontento, frustración e inseguridad, viene la reacción de niño malcriado o pataletudo hacia la vida: “¡No me gusta lo que me estás dando, quiero algo diferente!”.

Si no paramos un momento y tomamos consciencia de la emoción, vamos a intentar resolver reaccionando desde este estado interior contraído. Haremos todo lo posible forzando las cosas para que se acomoden a lo que habíamos planeado.

Además, en nuestra necesidad de controlar solemos ver a los demás como si fueran sólo “elementos” para cumplir nuestros objetivos. Dejamos de verlos en su totalidad y pasan a ser medios para nuestros fines. Ellos lo sienten. El trato se vuelve frío. Así que además de la frustración, sumamos el sentimiento de soledad y aislamiento. Justamente cuando más necesitamos la cercanía y contención de los demás, creamos una distancia.

¿Cómo volver a mi centro en estos casos?

¿Qué nos puede ayudar en estos momentos en los que nos desconectamos y nos sentimos contraídos? Lo primero que hago cuando siento esa contracción y amargura en el pecho, es sentirla y ser muy consciente de ella. “Ok, estoy en modo frustrado y amarguito. Bienvenida la sensación, no te voy a pelear. También sos parte mía.”

Luego tomo una respiración bien larga y profunda para relajar el cuerpo y conectar con este momento. Para poder salir de la mente me concentro en el cuerpo y la respiración. Me doy cuenta que la vida me está proponiendo algo y que lo estoy resistiendo. Mis creencias y motivaciones están siendo frustradas por la vida para que me sincere conmigo y me vuelva más real.

Respirar profundo y relajar el cuerpo es para mí un acto de confianza y de humildad ante la Vida. Al decirle sí a lo que se me está presentando honro la vida y respeto su sabiduría. En esa respiración también incluyo a mi alma y le doy lugar. En vez de pelear con ella, reconozco que lo que me está proponiendo es importante para mi proceso espiritual. En definitiva me está dando un feedback, de la manera más amorosa que puede, para que reaccione. Me está ayudando a vivir más despierto.

Experimento la certeza de que me está guiando para que aprenda algo más profundo y trascendente. Que eso que no se está dando como yo quería y que me tiene de mal humor es sólo una excusa para reconocer algo mucho más importante que necesito ver.

Con la respiración le agradezco profundamente a la vida y a mi alma que me están ayudando a conciliar mi mente con lo más auténtico de mi ser. El ego a veces propone cosas que no nacen de nuestra verdad, sino que vienen de limitaciones, creencias y máscaras que aprendimos. El trabajo del alma en parte es ponerle trabas o derrumbar todo lo que no nace de nuestra verdad.

Entonces puedo elegir cambiar el rechazo, la impotencia y la rabia por la curiosidad, preguntándome: ¿Qué tengo que aprender de esta situación? Por dónde estoy intentando ir, ¿es realmente el mejor camino para mi? ¿Va a satisfacer mis necesidades más profundas? Estas situaciones son una gran oportunidad para aclararme y purificar mi intención. Para entender mejor desde qué lugar hago lo que hago.

Respirar profundo me devuelve la tranquilidad y me llena de energía para cambiar la vibración (o el espacio interior) desde donde quiero continuar el día. Este sentimiento de confianza me trae paz. Me devuelve a un espacio que está bueno. Ahí mismo estoy volviendo a conectar, a sentir la fluidez y la expansión. Desde acá tengo más claridad acerca de cómo encarar mis temas y la fuerza para concretarlo.

Las emociones de amargura y frustración por lo que no sale como quiero también funcionan como una alarma. Son un aviso de que hay algo que aprender, que hay una parte mía inconsciente por clarificar. Es un momento para confiar, sonreír y aprender a no tomarnos todo tan en serio.

En vez de ponernos rígidos y apretar el cul*, es momento de relajar y sacarle dramatismo a la vida. Es una práctica. Nos lleva a confiar más en nosotros y en la inteligencia increíble que rige toda esta proyección/ilusión a la que llamamos “nuestra vida”. Al ser conscientes nos volvemos más espirituales, simplemente porque estamos entrando en contacto con nuestro espíritu.

Respirar es también una forma de amigarnos con nosotros y de reconocer que lo estamos haciendo bien, que todo es parte de un plan mayor. El ego se suaviza y se abraza con el alma. Cuando nosotros nos sentimos integrados, cómodos con nosotros mismos, entonces naturalmente nos sentimos bien con los demás y nos podemos nutrir mejor de todas nuestras relaciones.

Reconocer a los demás y acercarnos a ellos es otra cosa que nutre mucho en estos momentos. Mirarlos con amor, amabilidad y compasión nos conecta con estas emociones para dejar ir la frustración y la amargura. Una vez más tomamos conciencia de que no somos el centro del mundo, y soltamos ese peso tremendo de sentirnos tan importantes e indispensables.

Así que en este momento, ahora, respirá profundo y sonreí. Date cuenta que este día es un regalo para vos. Abrazá lo que llegue con todo tu ser. Confiá en las experiencias que te está proponiendo el alma.

Es verdad que es más fácil recibir las cosas cuando salen como planeamos, pero también considera que muchas veces son los contratiempos los que más nos ayudan a ser humildes, a crecer y a volver a nuestra verdad. Nos templan y nos acercan un paso más a ese lugar del alma que añoramos, ese espacio en el que encontramos paz, felicidad y sentido.

Hoy podés tomar la decisión de recibir con amor todo lo que te llega. Rendite a la vida. Tené la humildad y la confianza que vienen de reconocer que todo lo que está sucediendo es parte de un gran complot para que seas más auténtico, para que se exprese quién realmente sos.

Y así, desde este espacio interno de confianza, aceptación y alegría vas a estar mejor dispuesto para actuar y cumplir ese sueño que estas queriendo concretar.

Federico Paz
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