Cómo superar la sobre exigencia y aprender a disfrutar

¿Cómo es la dinámica de la sobre exigencia y cómo se generó en nuestras vidas? ¿De dónde viene la sensación de insatisfacción y vacío? ¿cómo salirse de esta dinámica? Estas son algunas cosas de las que vas a encontrar en este artículo.

Hoy quiero poner sobre la mesa un tema muy común que jode bastante la calidad de vida: la sobre exigencia. 

Cuando la nombro me llega el tema de tener que hacer miles de cosas al día. Todo tiene que salir perfecto. Todo y todos dependen de mí. En cada cosa que hago me estoy jugando el reconocimiento, entonces vivo en una constante evaluación. Lo peor, no importa cuánto me esmere, nunca siento que sea suficiente. Para ser gráfico, es vivir como si tuviera constantemente un dedo en el culo: no importa cuánto haga nunca puedo terminar de relajarme. 

Definitivamente es una forma pesada de relacionarnos con la vida. Implica mucho esfuerzo y tensión. En algún momento te agotás. No hay forma de sostener tantas cosas, situaciones y personas. Hay mucho peso en el deber ser, en seguir condicionamientos familiares acerca de cómo tengo que comportarme para sentirme aprobado. El costo que pagamos es vivir en la insatisfacción: no importa cuánto logre, nunca alcanza.

¿Cuál suele ser el origen de la sobre exigencia?

En general nace de la exigencia excesiva de alguno de los padres. Recordá que estas dinámicas siempre tienen que ver con qué estrategia usamos para recibir el amor y reconocimiento. En este caso recibimos amor y reconocimiento cuando hacemos las cosas “bien”, “como se deben hacer”. O sea, cuando sentirnos vistos y amados depende de satisfacer requerimientos y necesidades de terceros (algo externo a nosotros). Nos creemos que valemos más por lo que hacemos (desempeño), que por por lo que somos.

En estos entornos afectivos no importa qué quiero yo, qué necesito, sino que toda mi atención se vuelca hacia afuera. La pregunta es ¿Qué  tengo que hacer por otra persona (en general nuestros padres o hermanos) o cómo tengo que Ser para que me vean y acepten? Es una dinámica que suele ser aprendida de padres frustrados y desconectados emocionalmente. Es el clásico “¡¡me saqué un 9!!”. Y con cara de desaprobación te dijeron: “¿bien, bien, y por qué no sacaste un 10?”. No importa cuánto te esfuerces. Por más logros que consigas (carreras, proyectos, éxitos), nunca es suficiente. Este es el origen de la frustración. En definitiva fue un aprendizaje doloroso pero profundo: te estaban enseñando que la satisfacción real nunca puede venir desde afuera.

Resumiendo la dinámica: me acostumbro a que haya algo externo, una autoridad, que me dice qué es lo que tengo que hacer para que esté todo bien. Ese excesivo enfoque hacia afuera y la falta de contacto interno es lo que genera que a las personas sobre exigentes les cueste tanto saber qué es lo que quieren, qué les gusta, qué los hace felices. Al no estar en contacto con sus propias necesidades, si bien son muy serviciales, les cuesta registrar realmente las necesidades de los demás (hijos, pareja, amigos, etc). Son presas fáciles de explotar por empresas e instituciones. Son los mejores empleados porque es fácil ponerlos a trabajar por los sueños de los demás. Son muy productivos, fáciles de exigir y manipular.

Están muy pendientes de los demás, hacen muchas cosas por ellos, pero en un nivel más profundo, emocionalmente no están disponibles. Al no estar conectados con su interior, están muy desconectados de todo. Esto les hace experimentar soledad y un vacío muy difícil de llevar.

Otro caso en el que surge la sobre exigencia es cuando hay padres “débiles” (por ejemplo les costaba mucho la vida, estaban bloqueados, quebrados, deprimidos, etc) entonces para no ser una carga el hijo se pone el equipo al hombro y se vuelve un personaje perfecto. No hay lugar para pedir atención, contención o cuidado. No hay espacio para mostrarse vulnerable.

El sobre exigido no pudo ser un niño normal, cuidado, valorado y querido. Tuvo que hacerse adulto inmediatamente para ayudar a sostener a sus padres y hermanos. Le “tocó” tomar responsabilidades importantes de una vez. Los padres felicitan y miran con buenos ojos a estos hijos que les ayudan a llevar sus cargas. El niño se siente bien porque recibe cierta atención y reconocimiento de los padres. Pero lo está pagando caro. Muy caro.

Es una dinámica interesante para reconocer. Suele ser transgeneracional. Nuestros padres lo aprendieron de nuestros abuelos, y así hacia atrás. El gran desafío es empezar a ser consciente de mi necesidad, y priorizarla. Esto es fácil de decir, pero hay que manejar lealtades, y sobre todo, la culpa. Vas a tener que lidiar con frases como “sos un egoísta” si te ocupás de vos. O también “sos un vago” o un “mediocre” si aflojás un poco para darte espacio y empezar a atenderte.

El vacío detrás de la sobre exigencia

Un consecuencia de la sobre exigencia es la insatisfacción, que finalmente genera un gran vacío y malestar con nosotros mismos. Me ocupé tanto de los demás, de manera desequilibrada, que siento una injusticia. Me excedí en el dar para que me miren, me quieran y para que que nadie se le ocurra abandonarme. Pero algo no huele bien. ¡Me cagaron! Los demás nunca me devuelven lo que creo que me merezco. 

Nos faltó quien nos de y se ocupe de nosotros. Hay mucha rabia y tristeza. Estas son las emociones dolorosas que vamos a intentar tapar con distintas adicciones, por ejemplo a la comida o al exceso de trabajo entre otras. 

Muchas veces nos cuesta estar solos. Es común depender emocionalmente de alguien, a quien no tratamos del todo bien. Solemos cuidarlos como si fueran hijos en vez de tomarlos como pareja. De un modo sutil los castigamos exigiéndoles lo que nunca nos van a poder dar: el amor que no pudimos tomar (recibir) de nuestros padres.

Entonces, para no sentirnos solos (porque no soportamos el vacío) solemos estar con personas que realmente nos dan poco y no nos nutren ¿Por qué no dejamos a las personas que no nos hacen bien? ¿Por qué nos da tanto miedo estar solos? En el fondo estamos tan desconectados y tenemos tanta rabia con nosotros mismos que la otra persona nos sirve para distraernos un poco del paso que tenemos que dar: estar con nosotros mismos, reconocernos, hacer las paces, escuchar que necesitamos y aprender a dárnoslo con amor.

¿Cómo salirse de esta dinámica?

Voy a hablar de “trabajar” la sobre exigencia porque lo que vas a tener que lograr es un equilibrio que se da con con prueba y error. Tenés que sacarte de la cabeza que hay cosas que están “bien” y hay cosas que están “mal”. Hay posibilidades, espacios de experimentación. Todo está bien desde el punto de vista que son experiencias y aprendizajes.

El primer paso es cambiar el enfoque de nuestra atención (o consciencia). El sobre exigido está acostumbrado a mirar hacia afuera, a cumplir con las expectativas de los demás. En este sentido son muy manipulables, porque quieren quedar bien con todo el mundo para ser vistos y reconocidos. El costo es la insatisfacción y el vacío. Hay una rabia profunda por no ser fiel a uno mismo. Esta rabia es la que genera que muchos autoexigentes a la larga se terminen deprimiendo. Porque claro, son tan “buenitos” que no la van a sacar para afuera, entonces se la vuelcan a ellos mismos. Es un auto-maltrato terrible. Por eso en el fondo tienen mucho rencor. 

Entonces, para equilibrar un poco, la idea es mirar más hacia adentro: ¿Qué necesito? ¿Qué quiero? ¿De qué tengo ganas? Este proceso te va a llevar a conectar más con el cuerpo, con el placer, con el disfrute, con la celebración. Si te diste duro tanto tiempo, seguramente quieras dormir, descansar, comer, relajarte. Date estos espacios. Es muy bueno “desequilibrarte” un poco, excederte, volverte un poco loco. Vivir más despeindo por así decirlo. Es hora de relajarte y sacarte ese dedito del culo del que hablamos al inicio, ese dedito que te hace ver ser tan puestecito, serio y responsable. 

En parte es dejar caer la imagen de superman/superwoman. Permitirte ser egoísta, mediocre (esto último te va a servir para dejar de juzgar a los que son más relajados). Disfrutá de mandar un poco a la mierda a la gente, sobre todo a los que están demasiado acostumbrados a que cumplas todo sin poner peros. Cagarte un poco en las responsabilidades y en los demás es una buena medicina para el sobre exigente. Y acá llegamos a un punto importante que es el de poner límites. Límites a tu jefe, a tus padres, a tu pareja, a tus hijos. Yendo más allá, ponerle límite a tu tirano. Mirarte con amor, con humanidad, con ternura. Emocionalmente sos ese niñito lleno de tristeza e impotencia, pidiendo un poco de amor y reconocimiento.

En este tiempo te va a venir muy bien ser un poco más rebelde. Claro, cogela suave. Pero vos sabes. Si sos muy sobre exigente estos consejos te van a costar. Así que no creo que te excedas para el otro lado, pero si te pasa, está genial también. Así vas a ir encontrando el punto medio.

Finalmente la esencia de este movimiento es que vos te registres, te atiendas y te cuides. Tus padres o quien sea, por la razón que sea, no te pudieron dar esa atención. Ahora es tiempo de que vos te regales ese amor y contención que seguramente, en un nivel más consciente o inconsciente, le venís exigiendo a los demás. Claro que te hace falta. Pero sólo vos te lo podés dar a vos mismo. De esta forma vas a dejar de castigar sutilmente a los demás por la rabia que te da el desequilibrio e injusticia que creaste en el dar y recibir.

Otra cosa importante es que en el proceso de escucharte, y actuar en consecuencia, es posible que la devolución de los demás sea que ya no sos el mismo, que qué te pasó, que te estás volviendo loco, etc. Frustrar las expectativas de los demás para un autoexigente es, valga la redundancia, muy frustrante. Estas poniendo en juego la posibilidad de que dejen de quererte. Mantente firme. Es momento de ser fiel a vos mismo. Sino vas a seguir amargado y no te lo vas a perdonar nunca. Es mejor que quizás cierta gente se aleje de tu vida que traicionarte a vos mismo.

Algo muy lindo del movimiento es que le habilitás la posibilidad a tu entorno de que te cuiden, te sostengan, te quieran. ¡Que pereza, que frustrantes son las personas a las que no se les puede aportar nada, que no son capaces de recibir! Al ser empático y compasivo con vos mismo te sentís bien en tu compañía y desde esa sana relación con vos florece un trato genuino con los demás. Así hay un equilibrio y fluidez en el dar y recibir. Cuando la tensión con vos pasa a ser amor, eso se refleja en el resto de tus relaciones que empiezan a ser más livianas y nutritivas.

Recordá las preguntas claves ¿Qué necesito? ¿De qué tengo ganas? ¿Qué quiero hacer? Tu desafío es el equilibrio entre “lo que quiero” y “lo que tengo que”. En este proceso te sugiero inclinar balanza para “lo que quiero”.

En estos tiempos la prioridad sos vos. Date la importancia y el amor que te merecés =)

Federico Paz
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